miércoles, 5 de noviembre de 2014

Las lagunas de Rosario

     En Rosario existieron hasta principios de este siglo un buen número de lagunas que fueron eliminadas por la acción del hombre. Seguidamente señalaremos algunas de ellas, haciendo especial referencia a la más famosa de todas: la laguna de Sánchez.

Laguna de Godoy

     Existió hasta 1887. Ocupaba la manzana comprendida entre las calles J. M. de Rosas, Buenos Aires, 9 de Julio y E. Zeballos (antiguamente Gral. López) y era bastante profunda. En 1878, pensando en el cólera, se intentó vaciarla mediante una zanja de metro y medio que llevara sus aguas hasta la barranca y desaguara en el Paraná. Se inició tal proyecto sin llegar a concluirlo. Nueve años después se la rellenó con tierra sobrante de construcciones de otros edificios.

Laguna de Mandinga

     Cuenta la leyenda que era un ojo de agua (15 por 6 metros) en el cual durante las crudas noches de invierno, más precisamente a la medianoche, aparecía Mandinga, quien con su joroba, su renguera y gritos inarmónicos se metía en el agua para darse un chapuzón. Al contacto con el calor del Maligno el agua hervía y se formaban olas. Los escalofriantes gritos causaban mucho temor entre los pocos que llegaban a oírlos. Alejado el diablo, las aguas se tranquilizaban paulatinamente. Todo esto ocurría cerca de 1910. Por la tradición oral debemos ubicar esta lagunita en un extremo de la quinta Sanguinetti, es decir, aproximadamente 400 metros detrás de la Escuela de Aprendices del Ferrocarril Central Argentino. La laguna o baño de Mandinga llegó a ser tan famosa que una fotagrafía de la misma apareció en la revista rosarina Monos y Monadas hacia 1910.

La laguna de calle Ayolas

     Ya existía a fines del siglo pasado y a esos terrenos se los denominaba La Basurita, debido a la actitud desaprensiva de cierta gente que arrojaba residuos allí. Estaba ubicada en terrenos del puerto, extendiéndose desde la calle Ayolas hasta casi calle Gálvez. Fue rellenada con materiales de desecho de construcciones y encima de ellos se arrojó tierra. Tierra y yuyales cubren la mayor parte de su extensión, quedando por cubrir un extremo. Se dijo que tenía conexiones subterráneas con el río Paraná pero ambos niveles no coincidían. Es más acertado pensar que era alimentada por napas subterráneas.



El Bajo de los Sauces

     La más allegada al recuerdo de los rosarinos es el Bajo de los Sauces, extensión inundable por el río Paraná que se extendía en un ancho de 80 a 100 metros, desde el margen del río hasta las altas barrancas y desde casi Bajada San Miguel (única bajada natural al río que tuvo nuestra población, hoy llamada Sargento Cabral) hasta calle Rioja. Desapareció totalmente cuando la construcción del puerto y de la Avenida Belgrano, que en parte corre por su antiguo cauce (si es posible llamarlo así).

Laguna de Sánchez

      Llevaba el nombre del propietario de las tierras donde se hallaba cuando el centro urbano distaba varias cuadras de la misma. Parece que los herederos de Sánchez fueron hechos cautivos por los indios, no sabiéndose de aquí en más que pasó con ellos. Pasados 35 años tras la desaparición de los hermanos Sánchez, un sobrino se constituyó en propietario de dichas tierras. Su lugar era el que ocupa hoy la plaza Sarmiento y en épocas lluviosas ampliaba sus contornos, pudiendo llegar hasta las inmediaciones de la calle Rioja. Es decir, alcanzaba una extensión máxima de 7 manzanas, siendo la zona más profunda (aproximadamente un metro y medio) la ocupada por la actual plaza. Chañares y otras plantas acuáticas formaban pequeñas islas en su interior.

Actual plaza Sarmiento, donde supo estar la laguna Sanchez


En sus márgenes se formaban basurales debido a la actitud antisocial de ciertos vecinos, donde aparecían hasta caballos muertos. En marzo de 1858 creció el río Paraná y un jaguar de gran tamaño, viajero en islas de camalotes o troncos arrastrados por la corriente, "desembarcó" en Rosario y eligió como hogar la laguna de Sánchez. Al tiempo, tres cazadores lo mataron a tiros.

Durante uno de los brotes de cólera que azotó la ciudad entre 1865 y 1870 surgió la idea de abrir un canal que llevara sus aguas más lejos, aproximadamente hacia calle Italia, en aquellos años campo abierto. Llevó tiempo rellenarla y una vez lograda tal empresa se creó allí la Plaza Urquiza, ya señalada como tal en el plano de 1886 de Gabriel Carrasco. Posteriormente, al fallecer Domingo F. Sarmiento, recibió el nombre con el cual la conocemos actualmente. Aunque la laguna era un foco infeccioso también servía de solaz a los vecinos, que solían cazar allí patos y ranas.

La idea de suprimir esta laguna ya se le había ocurrido a Nicasio Oroño en 1855, a través de un desagüe, para convertir ese sitio en paseo público. A tal fin se dispuso la expropiación del terreno correspondiente. Tras cierta dilación, se aceleraron los trámites expropiatorios ante la presión de los vecinos. Finalmente sólo se expropiaron dos manzanas de las siete originales. Allí se levantaron las plazas Urquiza (al norte) e Iriondo (al sur). La primera pasaría luego a llamarse Santa Rosa, ante la cercanía de la capilla del mismo nombre. Recién avanzada la década del '80 del siglo pasado los terrenos correspondientes fueron rellenados de forma definitiva, convirtiéndose en paseo público.

En 1881 se plantas árboles y se instala un jardín. En 1888 se pavimentan las veredas con piedra hamburguesa. Existió el proyecto de levantar un monumento a Urquiza entre ambas plazas, que no se concretó. En su lugar se colocó una fuente, luego reemplazada por el monumento a Sarmiento. Dicha fuente fue trasladada a la plaza Buratovich.

El paseo público se iba embelleciendo paulatinamente y su fisonomía cambió notablemente a partir de 1866, cuando la municipalidad cedió parte del mismo para la instalación de la primera Escuela Normal de Maestros "Nicolás Avellaneda", actualmente Normal Nº 1. Al año siguiente, la escuela obtiene 20 varas más para la creación de un jardín. El edificio educativo se concluiría en 1897, cuando también se empedró la cortada que dividía la manzana y por donde pasaba el tranvía a caballos. En 1919 se clausuraría dicha cortada y su superficie fue entregada al Normal. Volviendo a la antigua laguna, entre otras anécdotas se cuenta que para los carnavales de 1879, algunos vecinos irónicos colocaron frente a la misma un cartel con la leyenda "Grandes regatas en la Laguna", instalando en las inmediaciones una reproducción del Arca de Noé.

Javier Etcheverry

martes, 4 de noviembre de 2014


Charles Darwin por Rosario Y Santa Fe a través del Río Paraná

     Quien más, quien menos sabe que el nombre de Charles Darwin ( 1.809 - 1.882 ) se asocia íntimamente con las ciencias naturales, sobretodo en lo que hace a la botánica y a la zoología. Sin embargo, este naturalista inglés fue ante todo un aventurero; a bordo de la goleta "Beagle" prácticamente no dejó rincón del planeta sin explorar, aún los más recónditos y extraños. Precisamente, al echarle un vistazo al legajo de este sabio no sorprende que haya pisado tierra argentina. Y en el marco de su periplo por nuestro país ( Patagonia, Buenos Aires, Santa Fe ) es posible destacar su paso por nuestra región, allá por 1.833. Con respecto a esto último, vale reproducir de su libro "Viaje de un Naturalista alrededor del Mundo" algunas apostillas sobre lo que vió y presenció en "Nuestra Casa".

EL MAJESTUOSO Y MAGNIFICO RIO PARANA
 ( 29 y 30 de septiembre de 1.833 )

     "Continuamos nuestro viaje a través de las llanuras. Todas ellas de igual carácter. En San Nicolás veo por vez primera ese magnífico río que se llama Paraná. Al pie del acantilado en el que se alza la ciudad, hay anclados muchos y grandes navíos.

"Antes de llegar a Rosario atravesamos el Saladillo, río de agua pura y transparente pero en exceso salada para que pueda ser bebida. Rosario es una gran ciudad levantada en una llanura perfectamente plana, que termina en un acantilado que domina el Paraná, unos 60 pies. En tal lugar el río es muy ancho y está entrecortado por islas bajas y rocosas, así como la orilla opuesta. El río semejaría un gran lago si no fuese por las formas de las islas, que por sí sola basta para dar idea de agua corriente. Los acantilados forman la parte más pintoresca del paisaje; algunas veces son absolutamente perpendiculares y de color rojo vivo; otras veces se presentan en forma de inmensas masas agrietadas cubiertas de cactos y de mimosas. Pero la verdadera grandeza de un río inmenso como éste proviene del rendimiento por su importancia desde el punto de vista de la facilidad que procura a las comunicaciones y al comercio entre diferentes naciones; y queda uno admirado al pensar de qué enorme distancia proviene esa sabana de agua dulce que corre a los pies del espectador y cuán inmenso territorio riega.

"Durante muchas leguas al norte y al sur de San Nicolás y de Rosario, el país es verdaderamente llano. No puede tacharse de exageración nada de cuanto los viajeros han escrito acerca de ese perfecto nivel. Sin embargo, jamás he podido encontrar un solo lugar en que, girando lentamente, no haya distinguido objetos a una distancia más o menos grande; lo cual es prueba evidente de una desigualdad del suelo de la llanura. En alta mar, cuando los ojos están a 6 pies por encima de las olas, el horizonte se halla a 2 millas y 4 / 5 de distancia. De igual modo, cuanto más nivelada está la llanura, más cerca está el horizonte de esos estrechos límites; según esto, en mi opinión, eso es suficiente para destruir ese aspecto de grandeza que uno creería deber encontrar en una vasta llanura". ( págs. 166 y 167 )



CASAS SAQUEADAS POR LOS INDIOS
(2 de octubre de 1.833)

     "Atravesamos Coronda; los admirables huertos que la rodean hacen de ella una de las más lindas aldeas que he podido ver jamás. A partir de este punto y hasta Santa Fe el camino deja de ser seguro. La costa oriental del Paraná deja de estar habitada a medida que se avanza hacia el norte, también los indios llevan a cabo por ella frecuentes incursiones, asesinando a todos los viajeros con quienes tropiezan. La naturaleza del país favorece singularmente, por otra parte, tales incursiones, porque allí acaba la llanura de césped y se encuentra una especie de selva de mimosas. Pasamos por delante de algunas casas que han sido saqueadas y que, después de tal saqueo, han quedado deshabitadas; contemplamos también un espectáculo que causa a mis guías la más viva satisfacción: el esqueleto de un indio suspendido de la rama de un árbol; trozos de piel seca penden aún de los huesos.

"Llegamos a Santa Fe al amanecer y quedo asombrado viendo qué considerable cambio de clima ha producido una diferencia de solamente 3° de latitud entre esta población y Buenos Aires. Todo lo evidencia: la manera de vestir y la tez de los habitantes, el mayor tamaño de los árboles, la multitud de cactos y otras plantas nuevas, principalmente el número de aves. En una hora he podido ver media docena de éstas que jamás había visto yo en Buenos Aires. Si se tiene en consideración que no hay fronteras naturales entre las dos ciudades y que el carácter del país es casi exactamente el mismo, la diferencia es muchísimo mayor de lo que pudiera creerse". ( pág. 168 )


CURIOSOS REMEDIOS PARA EL DOLOR DE CABEZA
 ( 3 y 4 de octubre de 1.833 )

     "Un violento dolor de cabeza me obliga a guardar cama durante dos días. Una buena anciana que me cuida me apremia para que ensaye un gran número de extraños remedios. En la mayor parte de casos parecidos, se acostumbra aplicar a cada sien del enfermo una hoja de naranjo o un trozo de tafetán negro; es aún más usual cortar un haba en dos partes, humedecer éstas y aplicarlas asimismo a las sienes, donde se adhieren facílmente. Pero no se crea que sea conveniente quitar esas medias habas o esos trozos de tafetán; hay que dejarlos donde están hasta que se desprendan por sí solos. Algunas veces, si se pregunta a un hombre que ostenta en la cabeza esos trozos de tafetán qué le ha ocurrido, contesta, por ejemplo: 'Tuve jaqueca anteayer'. Los habitantes de este país emplean remedios muy extraños, pero demasiado repulsivos para que de ellos pueda hablarse. Uno de los menos sucios consiste en dividir en dos unos perritos, para amarrar los trozos a uno y otro lado de un miembro fracturado. A tal fin es muy buscada aquí cierta raza de perros pequeños desprovistos de pelo". ( pág. 168 )